
El yogur es una de esas delicias que en la antigüedad fue desarrollado para que la leche no perdiera sus nutrientes.
Parece que proviene de Asia, de tribus nómadas, y en su nombre se descubre la raíz búlgara 'jaurt'. En el Imperio Romano este alimento era ya muy apreciado, tanto que Plinio el Viejo lo consideraba divino y milagroso. El yogur se popularizó en el siglo XX, cuando el científico Metchnikov (premio Nóbel en 1908) demostró la posibilidad de que el alimento provocara longevidad en quienes lo consumían.